Solución completa de Syberia 2

Enero 16, 2007

Romansburg

El carbón

Una vez más, el tren se detiene en una estación cuando se queda sin cuerda. Kate avanza hacia la salida del vagón y, tras una charla telefónica con Óscar, el autómata maquinista, baja al andén y recibe el saludo del gerente de la estación de Romansburg, a quien se le cae una llave. A continuación se dirige a la locomotora. Junto a ella se encuentra un terminal para dar cuerda al tren. Como ya hiciera a lo largo de todas las estaciones de la primera parte del juego, Kate gira la manivela del terminal y luego tira de la palanca para recargar los resortes. A continuación habla con Óscar para comunicarle que el tren ya está listo, pero éste le dice que necesitarán algo de carbón antes de proseguir. caja-youki.pngKate se pone manos a la obra y se dirige a una máquina frente al tren encargada de volcar carbón. Sin embargo, al tirar de la palanca no pasa nada. Decide ir a la tienda del gerente de la estación para preguntar por ella, sin embargo el hombre le responde que tendrá que esperar a que acuda el servicio de mantenimiento dentro de unas semanas. Desesperada, Kate decide descender de la estación para
averiguar por sí misma el funcionamiento del dispensador. Sin embargo, una verja cerrada frente a las escaleras impide bajar. Kate vuelve a la tienda para pedirle al Coronel que la abra, pero la llave se le cayó en el recibimiento.
La abogada se dirige al dispensador de carbón y entabla conversación con la chiquilla que ve junto a la máquina, en la nieve, para pedirle la llave.
Sin embargo, Malka, que así se llama la chica, le pide alguna golosina a cambio. Una vez más, Kate se mete en la tienda y, del mostrador del fondo, toma una pequeña llave. Con ella se dirige a la mesa que alberga tres expendedores de caramelos y abre el cajón de la máquina de la derecha, que está repleto de monedas. Seguidamente introduce la moneda con la figura de un ciervo en la ranura de la máquina de la izquierda y, al girar la manivela, obtiene un puñado de caramelos. De paso, con la moneda de 50 con un agujero en medio (como las desaparecidas monedas de cinco duros) obtiene las golosinas de pescado de la máquina del centro.

Con los caramelos, Kate vuelve a hablar con Malka y se los entrega. La chiquilla le hará llegar la llave
mediante un globo. Con la llave, finalmente, Kate podrá abrir la verja y descender al villorrio de Romansburg. A la izquierda encuentra la base del dispensador de carbón. En una viga descansa una lata de gasolina.
Está vacía, así que habrá que encontrar una forma de rellenarla. Dirigiéndose al fondo del poblado, da con una casa con una chimenea humeante. Quizá esté funcionando con gasolina… Kate decide llamar a la puerta y un hombrecillo maleducado le contesta de malas maneras que no quiere compartir su gasolina.
Buscando una vía alternativa, Kate se dirige a la izquierda y, apartando un cartel, se cuela por un hueco entre las planchas de madera que hacen de vallas de la casa. Sin que la vean, se acerca a una caja en cuyo interior parece haber un animal. Como maniobra de distracción, Kate descorre el cerrojo
de la caja y el bicho de dentro sale despavorido permitiendo a la abogada acercarse a la casa y coger el bidón de gasolina que está sobre una mesa, a la izquierda. Con él, sale por donde entró y se dirige al dispensador de carbón.

Una vez con el depósito repostado, presiona el botón de la derecha para hacerlo funcionar y sube a la estación para tirar de la palanca y llenar el tren de carbón.

La fiebre de Hans

delirio-de-hans.pngSin embargo, Óscar acude a Kate alarmado porque no encuentra a Hans Voralberg en el interior del tren y el pobre hombre está febril. Decidida, la abogada baja de nuevo a buscar a su amigo. Lo encuentra en el interior del local de Cirkos, delirante. Tras un desmayo, Kate se lo lleva a la cama del tren. Está gravemente enfermo. La abogada habla con el Coronel, en busca de un médico, pero lo más parecido a un doctor son los monjes de un monasterio montaña arriba. Antes de ir hacia el monasterio, habla también con Malka, quien le cuenta que su madre murió por culpa de las estrictas reglas que los monjes del monasterio aplican a la hora de decidir a quién deben tratar. Cirkos, quien tuvo a su cargo a la chiquilla después de la muerte de su madre, le cuenta a Kate que las reglas consisten en mostrarle al Patriarca un sudario con los efluvios de la cara del enfermo para que éste determine si está muriendo o no. Además comenta que es Malka quien tiene las fichas del dispensador de sudarios situado junto al puente que lleva al monasterio. Se dirige hacia el camino que lleva al monasterio, más allá de la casa de Iván e Igor, los dos cazadores furtivos. Sin embargo, hace demasiado frío como para aventurarse montaña arriba, de manera que vuelve a la tienda de la estación y le pide al gerente algo de abrigo. El Coronel, encantado, le permitirá subir al desván del local, de donde Kate cogerá un traje polar. Para podérselo poner, se dirige a los aseos del tren, a la izquierda de la puerta de salida del vagón.

Una vez cambiada, Kate habla con Malka para que le entregue una ficha para el dispensador de sudarios (sólo podrá hacerlo si antes ha hablado con Cirkos). La niña se la entregará sin problemas y con ella abrirá el dispensador y tomará una de las piezas. Antes de subir al monasterio, Kate vuelve al tren y coloca el sudario sobre la cara de Hans. Con la prueba de la enfermedad de su amigo, la mujer se dirige hacia el monasterio. Al llegar, tira de un cordón que hace las veces de timbre. Sin embargo, el monje que custodia el ascensor de acceso al interior parece ignorarla. La abogada, en cambio, decide tomar el camino que lleva a un pequeño estanque. Allí uno de los monjes está haciendo la colada. Tras mantener una larga charla llega a dos conclusiones: que no puede entrar en el monasterio porque el acceso está prohibido para las mujeres y que al monje le encantan los cuervos blancos (esto sólo lo deduce si habla de absolutamente todo con el monje). Dispuesta a colarse en el monasterio como sea, se dirige de nuevo a la tienda del Coronel y le pide reclamos de aves, silbatos.
El hombre le entrega tres. Con ellos, Kate se recorre una vez más la caminata hasta el estanque del monasterio y le entrega al monje el silbato plateado. El rechoncho monje quedará extasiado y se irá a buscar a su querido cuervo blanco, de manera que la abogada puede tomar un hábito y ponérselo sin ser vista. Con su nuevo aspecto, ahora sí que consigue acceder al interior del monasterio cuando llama al timbre. Una vez dentro, se dirige a la capilla del monasterio, a la izquierda. Tras unas cortinas, aparece el Patriarca, alarmado por la presencia femenina. Tras tratar de convencer al hombre, finalmente Kate consigue mostrarle el sudario y hacer que los monjes se hagan cargo de
Hans.

En el Monasterio

El Monje Alexei

A la mañana siguiente, sin embargo, el Patriarca no es muy optimista y comenta a la abogada que no puede hacer más que rezar por el alma de su amigo. Tras terminar la conversación, Kate se dirige a la habitación en la que se aloja Hans. Este parece delirar y apenas es capaz de hilvanar una conversación. Sin embargo, le pide a su amiga que busque a un monje llamado Alexei, pues convivió con el pueblo youkol y conoce poderosos
remedios medicinales. Al terminar la conversación y salir de la habitación, Kate entabla conversación con el orondo monje que estaba haciendo la colada el día anterior. El hombre ha estado escuchando la charla con Hans y decide ayudar a Kate entregándole una carta con una pista y una pieza de cristal con el dibujo de un mamut (podrás acceder a ellos yendo al apartado de “documentos” en el inventario). La nota comenta que la clave está en el ojo del mamut.

Kate se pone manos a la obra. Del patio,
frente a la habitación de Hans, recoge un cepillo junto a un cubo de agua. Con él se dirige a la capilla y echa un vistazo al fresco de la izquierda con la imagen de un santo. Como le parece algo sucia, rasca la superficie con el cepillo y descubre un diagrama de un crucifijo con círculos
blancos y negros a su alrededor. A continuación sale de la capilla y se dirige a la biblioteca. Una vez en la planta baja, se fija en el crucifijo del suelo y en cómo los candelabros de alrededor de la sala parecen coincidir con el diagrama que ha visto en la capilla. Se trata de encender las velas indicadas en el diagrama. Para ello, toma la vara situada a la derecha y que descansa sobre el muro del edificio y enciende las 5 luces correspondientes. Al hacerlo, una ventana se abre en lo alto de la torre de la biblioteca. Rauda y veloz, Kate se dirige al ventanuco y echa un vistazo por él. Se puede apreciar todo Romansburg. Recordando las palabras de la carta del monje, coloca sobre
la ventana el disco de cristal con el dibujo del mamut (sólo puede colocarlo cuando la ventana está completamente abierta, cuando se puede asomar por ella). A continuación, se dedica a presionar las figuras de alrededor de la ventana en el sentido de las agujas del reloj. Dependiendo de la figura por la que empieza, la ventana se cierra más o menos (Si quieres que la ventana se abra del todo debes empezar el recorrido por la figura de la derecha). Empezando por la figura de abajo, Kate va presionando las piezas en sentido de las agujas del reloj y consigue que la silueta del mamut se refleje en la pared opuesta. A continuación se acerca al lugar en donde se supone que queda el ojo del mamut y presiona
lo que equivaldría a la pupila. Como consecuencia, una puerta secreta se abre, dejando ver en su interior multitud de objetos. De entre todos ellos, Kate coge el libro sobre los Youkol y una pequeña reliquia youkol similar a un grabado con mamuts.

Aprovechando la quietud de la biblioteca, la abogada se lee detenidamente todo el libro, pues contiene valiosa información no sólo para sus objetivos más inmediatos, sino para superar el resto de su aventura.

Remedio Youkol

vela-curativa.pngUna vez familiarizada con la información del libro, su siguiente objetivo es preparar el remedio que se describe en sus páginas. Para ello necesita encontrar una zarza de pinchos carmesí. Puesto que el libro dice que sólo crece en los lugares donde un alma descansa en paz, Kate se dirige al cementerio del monasterio. Allí encuentra sin dificultad una losa rodeada de la extraña zarza. Para hacerse con ella, no tiene más que utilizar las tijeras de podar que encuentra en una carretilla cercana al ascensor por el que accedió al monasterio. Ahora debe fabricar una vela con extractos de la planta. Para ello se dirige al aparato situado junto al ascensor. Lo primero que hace es recoger la caja de cerillas, pues las necesitará. A continuación, tira de la cadena que cuelga a la izquierda (para encender la máquina). Echa la planta en la cuba humeante, abre el objeto cilíndrico situado en la parte inferior de la máquina (es el molde de la vela) y toma una mecha del montón que cuelga a la izquierda de la cuba para depositarla en el cilindro abierto. Seguidamente cierra el cilindro y abre el grifo de la cuba para que la cera líquida caiga al interior del molde. Sólo tiene que abrir el cilindro de nuevo y recoger su vela con extractos de zarza carmesí.

De nuevo en la habitación de Hans, coloca sobre la mesa la reliquia youkol e introduce en su interior la vela vegetal. Tras encenderla con las cerillas, los vapores comienzan a hacer su efecto y el anciano se recupera rápidamente. Llena de alegría, Kate se dirige a la entrada del monasterio, donde se encuentra el Patriarca, para comunicarle que su amigo está mucho mejor. Sin embargo, el anquilosado religioso se niega a que abandonen el monasterio, de manera que Kate debe encontrar una vía alternativa de escape.

La Huida

patriarca.pngExplorando
los alrededores encuentra un muro quebrado en el cementerio por el que podría escapar sin complicaciones. Sin embargo necesitaría un trineo para poder transportar al maltrecho Hans. El ataúd junto al muro le da una idea, pero antes tiene que librarse del monje que está cavando la fosa. Para ello va a la capilla, que ya no está custodiada por el Patriarca y del altar toma una pequeña llave. Con ella abre la verja junto a la entrada del recinto. Tras ella cuelga una cuerda que activa las campanas que mandan a la oración. Una vez que todo el monasterio queda desierto, Kate vuelve al cementerio y coloca el ataúd orientado hacia el hueco.
Finalmente, recoge a su amigo y juntos escapan mediante el improvisado trineo.

Secuestro en Romansburg

El carrusel de Cirkos

kate_caballitos.pngA salvo de nuevo en el tren, Kate le pregunta a Hans si está en condiciones de partir. El anciano le responde que se encuentra un poco débil y que le había prometido a Cirkos que le repararía los caballos mecánicos del cabaret. Dispuesta a colaborar, Kate toma la pieza que le tiende el hombre y se dirige al local. Tras comentarle al dueño que será ella y no Hans quien haga la reparación, se acerca a los animales mecánicos y abre la placa central. A continuación introduce la pieza que le entregó su compañero de viaje y trastea un rato con los controles. Al momento comprende su funcionamiento: debe hacer girar la pieza cilíndrica hasta que el indicador superior esté apuntando a la derecha del todo. El cilindro está compuesto por doce orificios y dividido en cuatro partes. Cada porción se corresponde con una de las tuberías situadas alrededor del cilindro que, a su vez, se comunican con cada uno de los cuatro caballos. Kate debe colocar cada tubería sobre el orificio correspondiente. Así, la tubería superior izquierda debe conectarse con el orificio superior de los tres que le corresponden. La superior derecha también debe conectarse con el orificio de arriba. La tubería inferior derecha, asimismo, debe colocarse sobre el orificio superior (el de la derecha) y, finalmente, la tubería inferior izquierda debe conectarse al orificio central. Por último, sólo tiene que presionar sobre el centro del cilindro para hacer funcionar el carrusel de caballos.

La persecución

Sin embargo, un extraño temblor alerta a Kate, que sale disparada hacia la estación temiendo lo peor: el tren se ha marchado sin ella. Dispuesta a no quedarse atrás, se acerca a la palanca junto a la verja de la estación y tira de ella. Como resultado, un vehículo auxiliar de seguimiento aparece sobre los raíles. Rápidamente, Kate monta en el aparato, pero al momento se detiene. Necesita algo más para funcionar. Observando la rueda de hámster gigante, a Kate se le ilumina una bombillita
en la cabeza: necesita un animal del tamaño adecuado. Recordando el youki que liberó de manos de los cazadores furtivos, se dirige a la casa de Iván e Igor. Tal y como se imaginaba, el animal se encuentra jugueteando entre los muebles. Para atraer su atención le ofrece las golosinas de pescado que recogió al poco de llegar al pueblo (si no las había cogido, tiene que ir a la tienda de la estación y meter la moneda de 50 con un orificio en la máquina de golosinas del medio). Al momento, el youki se encapricha de Kate y la sigue a todas partes. Sólo tiene que ir al aparato y hacer que el animal monte en la rueda.

El gran paso del Norte

Los castores

ivan_tren.pngTras una trepidante persecución, el malvado Iván ha destruido un puente, separando a Kate temporalmente del tren. Decidida a salvar a Óscar y Hans, se adentra en la espesura del bosque. Pronto se topa con una ofrenda youkol, que consiste en un montículo de piedras con una pieza de pescado a modo de
sacrificio para los espíritus. La abogada continúa hasta llegar a la rivera del río donde unos castores están talando árboles. El youki, en cuanto ve a los roedores, se lanza a por ellos, espantándolos. Kate tiene que buscar la forma de que terminen su trabajo, pues el tronco medio roído que acaban de abandonar puede hacer las veces de puente. Dejando a solas al youki, se dirige al lado opuesto del refugio de castores. Allí puede ver una pequeña cabaña y, en mitad
del claro, un montón de ramitas completamente secas. Rápidamente, Kate las recoge y las coloca al pie de la ofrenda youki. A continuación les prende fuego con las cerillas que todavía conserva del monasterio y consigue liberar el pescado. Con él atrae al youki hacia sí de manera que los castores pueden continuar con sus labores. Al momento, el árbol cae y pueden utilizarlo como puente hacia el otro lado del río.

El
refugio y el oso

Una vez atravesado, Kate no tarda en toparse con un nuevo impedimento: el puente que le lleva al otro lado del acantilado está roto. Por suerte, un cabo está intacto, de manera que podría usarlo como liana. Sin embargo, necesita algo con lo que deshacer el nudo. Sin desanimarse, sigue explorando hasta llegar a la cabaña que vio desde el nido de los castores. Sin pensárselo dos veces, se mete en su interior. Rápidamente, sobre la repisa de la chimenea, tras una muñeca rusa, la abogada encuentra el hacha que estaba buscando. Ahora que tiene lo que necesita, intenta salir del refugio para cazadores pero un inmenso oso pardo merodea por los alrededores en busca de alimento. Una vez repuesta del susto, Kate recuerda que en el libro de los youkols se hablaba de la dieta del oso pardo: su alimento favorito es
el salmón naranja. Por suerte, en la repisa de la chimenea encuentra la guía del pescador, con información muy útil sobre cómo y dónde pescarlos. Finalmen te, del aparador de la cocina recoge un una cesta de mimbre para depositar la pesca y sale por la puerta de atrás de la cabaña, donde una caña la está esperando. Lista para una divertida sesión de pesca, Kate toma la caña (solo podrá si lleva la cestita consigo) y abre la caja de anzuelos que ve junto a la barandilla. De entre todos ellos coge el de color verde oscuro, en la fila superior a la derecha. Seguidamente, lanza el sedal hacia la derecha y, tras un breve forcejeo, consigue el preciado salmón naranja. Con el pescado, se dirige a la ventana junto a la entrada de la cabaña y lanza se lo lanza al oso. Una vez saciado, el animal se largará a buscar a otra gente a la que molestar. Con el camino despejado, Kate sale de la cabaña, hacha en mano, con la idea de cortar el cabo del puente roto para luego engancharlo en la rama del árbol medio caído de al lado. Emulando a Trazan, consigue llegar al otro lado del precipicio.

Aterrizaje forzoso

Al poco de andar por los nuevos parajes del otro lado del acantilado, el youki se adelanta para perseguir a una lechuza, dejando atrás a Kate. Ésta se ve obligada a seguirle, yendo siempre hacia la derecha, hasta llegar al pie de un acantilado. En lo alto la esperan Iván e Igor con no muy buenas intenciones. Por suerte para ella, un avión surca el cielo en ese mismo instante y se estrella a pocos metros de los cazadores furtivos, haciéndoles huir. Ante la gravedad de la situación, Kate decide trepar por el acantilado para tratar de ayudar. Colocando su hacha como primer apoyo, va escalando en el siguiente orden hasta alcanzar la cima: Arriba, Arriba, Derecha, Derecha, Arriba, Arriba, Arriba, Arriba, Izquierda, Izquierda, Izquierda, Izquierda, Arriba, Arriba, Derecha, Derecha, Arriba, Arriba, Derecha, Derecha, Arriba, Arriba, Arriba, Arriba.

Una vez en lo alto, toma el camino de la izquierda, que la lleva a los restos del apartato estrellado. Colgando por el arnés de un árbol, Kate encuentra al piloto, un viejo conocido de una de las estaciones por las que ya pasó. El hombre está profundamente dormido y no hay forma de despertarlo. Mientras la abogada piensa en la forma de hacerle volver en sí, se acerca a echar un vistazo al panel de control del aparato. Al rato observa que la parte derecha de los controles se corresponden con la radio. Quizá si consigue conectarla pueda despertar al piloto (que lleva los auriculares puestos…).

Al rato de probar botones y teclas, Kate averigua que el interruptor de arriba a la izquierda sirve para encender la máquina. En la parte inferior derecha, hay dos interruptores que encienden la radio cuando ambos apuntan arriba. Ahora lo que debe hacer es averiguar la frecuencia que el aparato está utilizando. Para ello, tiene que jugar con los colores de los botones superiores del panel de la radio (amarillo, rojo y verde) y los superiores del panel central. En ambos, el rojo debe estar encendido (o hacia arriba). Para que por el display de la radio se puedan ver los primeros dos dígitos, se deben encender los dos botones amarillos dejando los verdes apagados)
y viceversa si queremos los dos últimos. De esta manera, Kate averigua que la frecuencia de la emisora de la radio es 0328.
Con esta información, se dirige al borde del acantilado y desde ahí toma el camino hacia el sur. Esto la lleva hasta un puesto de radio. Sin embargo, cuando va a acercarse se cruza con los malvados cazadores llevando a Hans en la parte de atrás de un trineo. Parece que han encontrado un medio de transporte más rápido que el tren atrapado en el puente. Sin olvidar que su siguiente objetivo es salvar al piloto, Kate se dirige a la estación de radio y echa un vistazo a los controles. Sólo tiene que encenderla (el interruptor del bloque superior) e introducir la frecuencia (0328). Finalmente, utiliza el micrófono y consigue comunicarse con su amigo Boris.

Antes de ver cómo está, sigue el rastro del trineo. Al poco de seguir las huellas, se da cuenta de que el tren está demasiado lejos para llegar andando. Tiene que buscar una vía alternativa para
alcanzarlo. De nuevo junto a Boris, le comenta su problema. La solución que propone el piloto es la de usar el asiento del copiloto para salir disparada hasta el tren, sin embargo, tiene que introducir las coordenadas exactas para poder caer en el sitio adecuado. Para ello, vuelve a la estación de radio y se fija en el radar de la derecha de los mandos, que enciende presionando el interruptor de abajo a la derecha. Kate se da cuenta al momento de que el radar sólo rastrea un cuadrante de la zona, así que decide subir a la antena y tirar de la manivela hasta colocar la antena de frente a nuestro punto de vista (apuntando al este, vamos). Cuando mira en el radar, puede ver un punto correspondiente al tren, de manera que toma nota de las coordenadas (20 de latitud y 80 de longitud). Con ellas, vuelve junto a Boris, le pide que la deje sentarse e introduce las coordenadas (el 80 en el panel de la izquierda y el 20 en el de la derecha) y presiona el botón inferior.

Aligerando peso

kate_aterriza.pngCon la precisión de un reloj suizo, Kate aterriza a los pies del tren, donde el
youki la recibe loco de contento. Al acercarse a la locomotora, se fija en que entre la nieve asoma un brazo mecánico. Cuando tira de el brazo, descubre que se trata de Óscar, que ha sido lanzado desconsideradamente al suelo. Una charla con el autómata revela que está deteriorado como consecuencia del frío y que necesita algo para poder moverse. Sin pensárselo dos veces, Kate se introduce en el vagón y se dirige a la mesa de trabajo de Hans. Todo está destrozado y revuelto, aún así, no tiene dificultad en encontrar un botellín de aceite a los pies de la mesa. Tras entregársela a Óscar, este se recupera e insta a
Kate a acomodarse en el vagón para la partida.

Sin embargo, el tren no puede avanzar porque el vagón de pasajeros cuelga al borde de los restos del puente. Según Óscar, la única solución es deshacerse del vagón, para ello, le pide a Kate que busque el mecanismo que permite separar la locomotora del vagón. La abogada vuelve al interior del vagón y, a los pies de la cama encuentra, enrollados, unos planos del mecanismo de separación. Los controles se encuentran en la sala anterior, en el gran círculo del suelo. Una vez allí, Kate llama a Óscar por teléfono para que éste lo abra. Ahora sólo queda mover las piezas del mecanismo de manera que todas las barras que lo atraviesan queden abiertas. Para ello tiene que mover los interruptores superior, inferior y medio.

La aldea Youkol

Igor
e Iván

Tras conseguir liberar la locomotora de su lastre, el viaje continúa hasta que la vía queda sepultada por la nieve. En cuanto el tren se detiene, el pequeño youki corre disparado hacia el lugar donde la vía termina. Kate lo sigue y llega así hasta el trineo que los cazadores furtivos emplearon. En las alforjas, Kate encuentra una prenda de abrigo que recoge. A continuación pretende trepar la cuesta situada detrás del tótem con cara de lechuza. Sin embargo, el suelo está helado y la chica resbala una y otra vez. Así, Kate decide explorar los alrededores del
tren. Entre el desierto blanco, pronto encuentra a Igor solo y desorientado. Está asustado porque confunde el aullido del viento con malos espíritus. Por compasión, Kate se dirige al tótem y coloca la prenda de abrigo en la boca, bloqueándola e impidiendo que el viento aúlle. La abogada vuelve junto a Igor para comunicarle que ya no tiene porqué temer y este toma el trineo y se larga lejos del lugar. Por fortuna, Kate encuentra los crampones que Igor ha dejado para poder montar en el trineo y, colocándoselos, es capaz de trepar la cuesta de hielo.

Cuando llega a lo alto de la cuesta, Iván la está esperando armado con un tremendo colmillo de mamut. Ambos están sobre un lago congelado y cada vez que Kate trata de acercarse al cazador este la amenaza y el suelo se quiebra un poco más. En vista de que no puede hacer nada desde su posición, la abogada llama a Óscar por teléfono pidiéndole que haga sonar el silbato del tren. Al hacerlo, Iván le da la espalda asustado y la chica puede acercarse a un trineo situado al borde de la placa de hielo. Tomando un cuchillo de marfil, Kate corta la cuerda que sujeta al trineo y lo empuja hacia Iván. Como resultado, la placa de hielo bajo sus pies se quiebra y ambos van a parar a la gruta inferior.

En busca de Hans

kate_desnuda.pngTras un extraño sueño, Kate despierta en el interior de una reconfortante cabaña. A las puertas de ésta, le espera el jefe de la tribu de los youkols. Al hablar con él averigua que Hans está en manos de la mujer chamán del poblado y que ésta se encuentra tras unos inmensos tambores que no paran de sonar. Sin tiempo que perder, Kate intenta pasar a través de los tambores, pero el movimiento continuo se lo impide. Sin embargo, se fija en que justo encima de la noria de agua que hace girar los tambores se tambalea una estalactita. Rápidamente, Kate se pone a buscar elementos con los que fabricar un objeto que le permita tirar abajo la estalactita. Junto a su cabaña, al pie de una escalera, encuentra en el interior de un cuenco una pieza de marfil con forma de Y. Cerca del lugar donde suenan los tambores, por el camino situado junto a la lechuza que la persigue incasablemente desde que dejara Romansburg, Kate localiza un lugar donde los habitantes de la aldea dejan secar las tiras de cuero que curten. Tomando una de las tiras, se fabrica un tirachinas y, sin más dilación, se dirige a los tambores para usar el tirachinas
con la estalactita. Con certera puntería, consigue detenerlos y llegar hasta la cabaña de la Chamán.

El
fruto del sueño

En su interior, Kate encuentra a Hans inconsciente y colgando de un montón de cuerdas sobre un camastro. En la charla con la mujer chamán, Kate averigua que Hans todavía está vivo, pero se encuentra en el mundo de los sueños. Si quiere hacer que vuelva en sí, tendrá que viajar con él y para ello necesita de una pócima. El problema es que falta un ingrediente. Una fruta rojiza que el libro de los youkol describe. Antes de abandonar la choza, se dirige al pequeño altar de la izquierda y de él toma una rueda de oraciones que, al parecer, sirve para invocar a la lechuza que descansa fuera.

A continuación, Kate se dirige a la parte del poblado donde encontró la tira de cuero del tirachinas. Un poco más a la izquierda, se topa con un artilugio que resulta ser un pozo. A los pies de éste, a la izquierda, encuentra en el suelo un tapón de corcho que recoge, así como también la cantimplora que cuelga del aparato. Seguidamente, engancha la cantimplora al garfio de marfil situado en la parte superior de la máquina y gira la manivela para hacerlo descender. Al girar de nuevo la manivela recupera la cantimplora repleta de agua fresca. Detrás del pozo se encuentra una pequeña cuadra con dos o tres youki. A las puertas Kate encuentra una raspa de pescado que también recoge. Con ella se dirige al fondo de la aldea, hacia una cueva custodiada por dos antorchas. En su interior hay dos grandes salas. En cada una de ellas se encuentra una percha para lechuzas. Kate se dirige a la sala de la izquierda y, al fondo, puede ver el árbol con la fruta que tanto ansía atrapado en el
interior del hielo. A los pies del muro de hielo, un lemur corretea. Tras observar un rato los pasillos de hielo del muro, a la abogada se le ocurre una manera de obtener los frutos valiéndose del animalillo. Para ello coloca el tapón de corcho bloqueando el orificio de la derecha del todo. A continuación se dirige a la percha para aves y coloca la rueda de oraciones para hacerla girar y atraer a la lechuza. Cuando Kate vuelve a observar el muro de hielo, comprueba cómo el lemur, asustado, se introduce por el orificio del medio. Ahora sólo tiene que guiar al animal hasta las frutas. Para ello quita el tapón y lo coloca como plataforma en el agujero junto al animalillo asustado. Éste pasará hasta el alto túnel de la izquierda. Seguidamente, Kate
tapona el orificio de la izquierda del todo y, desde el orificio superior de la izquierda, vierte el agua de la cantimplora. El lemur podrá alcanzar lo alto del túnel y llegar hasta la rama con los frutos, de los
que se guardará unos cuantos en el buche. Sin embargo, hay un pequeño desnivel en el camino del roedor aparentemente insalvable. Para que pueda superarlo, Kate deja caer por el agujero situado justo encima del desnivel la raspa de pescado, que el bichejo utilizará como escalera. Finalmente, tras una caída de lo más tonta, el animal dejará escapar las frutas y Kate podrá recogerlas.

Con ellas, se dirige de nuevo a la choza de la chamán y esta le prepara la pócima que le permite viajar al mundo de los sueños…

Valadilène

Tras el ritual, Kate aparece en Valadilène, a las puertas de la cueva en la que Hans cayó cuando era pequeño. Sin pensárselo dos veces, la chica se dirige al fondo y recoge el mamut de juguete del suelo. Con él, recorre el largo camino hasta salir del bosque en el que se encuentra hasta que se topa con la que fuera hermana de Hans, Anna Voralberg. Tras hablar con ella, Kate averigua que su hermano está confinado en el ático de su casa, donde su padre lo ha encerrado. Rápidamente, la abogada continua su camino hasta la puerta de la fábrica (está a la derecha, en la curva de la avenida principal) y al llegar a la fuente, toma el camino de la derecha del todo, en dirección a la casa de los Voralberg.

La puerta está abierta. Kate pasa sin ningún pudor y se dirige escaleras arriba para llamar a la puerta del ático. Sin embargo, el chiquillo no saldrá de la habitación hasta que su padre se marche a trabajar a la fábrica. Escaleras abajo, en el salón, Rodolphe Voralberg, padre de familia,
está leyendo tranquilamente el periódico. Tras tener una insustancial conversación con él, Kate deduce que deberá hacer que el reloj junto a la escalera suene para que el hombre se vaya a la fábrica. El problema es que no sabe a qué hora exactamente debe sonar. De repente se le ilumina la cara. Se dirige al parque donde se encuentra Anna y le pregunta a ésta la hora a la que su padre sale de casa para ir a trabajar: las 7:15 exactamente. Con esta información, Kate vuelve hasta el reloj de pared. Para hacer que suene a la hora deseada,
mira la hora que marcan las agujas del reloj (2:45) e introduce dicha hora en el panel inferior, mediante las palancas a izquierda y derecha del rótulo con números romanos (la de la izquierda es para los cuartos y la de la derecha para las horas en punto y medias). Una vez puesto en hora, debe tocar los hombrecillos situados a ambos lados de la campana. Seguidamente, tocando el péndulo, consigue hacerlo funcionar. Ahora queda lo más fácil. Introducir en el panel de la hora las 7:15, tirar de la cuerda de la derecha (para que el tiempo avance) y presionar la campanilla entre los hombrecillos. Ésta sonará y el dueño de la fábrica dejará su periódico y la llave del ático para irse a trabajar. Ahora, Kate sólo tiene que recoger la llave y abrir el ático. Allí se encuentra el pequeño Hans, que sólo reacciona cuando la abogada le entrega el mamut de juguete. El chico, que en esos momentos está construyendo a Óscar, le pide una cosa de lo más extraña: que abra el corazón del maquinista.
Sin comprender, Kate se acerca al objeto en el que el niño estaba trabajando y, de esa manera, consigue volver a la realidad.

El destino de
Óscar

chamana.pngAntes de salir de la choza, Kate se acerca a una percha situada a la derecha y de ella recoge una máscara youkol. Es hora de llevar el tren al interior de la aldea. Siguiendo el camino de la vía, consigue llegar a la boca de la cueva que anteriormente estaba sepultada por la nieve. Allí encuentra un par de youkol que parecen ligeramente asustados. En vista de que la abogada no consigue hacerse entender, se dirige al tren. Allí, a pocos pasos de la locomotora, encuentra un gancho para sujetar a ésta, sin embargo, ella sola no es capaz de levantarlo. Por más que les insiste a los youkol de la entrada, no consigue su ayuda. Desesperada, se dirige a la locomotora para charlar con Óscar. Al
verlo, recuerda una de las páginas del libro youkol: la cara del autómata es idéntica a uno de los espíritus malignos en los que creen los aldeanos. Para solventar la situación, Kate le pide a Óscar que se coloque la máscara y así consigue que los dos hombres de la entrada enganchen el cable en la locomotora. Una vez hecho, Kate se acerca al vehículo y ajusta el cable tirando del gancho. Una vez tensado, se dirige a una tremenda máquina que atraviesa la vía y que realiza la función de recoger el cable. Para hacerla funcionar, sólo tiene que tirar de la palanca derecha (eso sí, el cable deberá estar tensado).

A continuación, Kate se dirige al lugar donde el tren se ha detenido y le habla a Óscar sobre las extrañas palabras que Hans le dijo en el sueño. El autómata abandona el tren y se dirige a la
cabaña de la chamán para cumplir sus designios. Kate va tras él y, al llegar a la cabaña, se lo encuentra desmontado sobre la cama bajo la que cuelga Hans. Su pecho está abierto, esperando a que Kate le abra el corazón. La abogada, ahogando las lágrimas de tristeza que siente por la pérdida de su amigo, se centra en su nuevo reto. El corazón de Óscar está rodeado por una docena de pequeños botones situados en círculo como las horas de un reloj. Recordando la hora a la que el padre de Hans iba a la fábrica, Kate presiona el botón situado en la posición de las siete y luego el de las tres (7:15). Inmediatamente, el corazón se mueve dejando ver un aspa central. A Kate se le ocurre presionar los botones correspondientes a cada extremo del aspa (3, 6, 9 y 12) y de esa manera consigue acceder a una llave en mitad del corazón. Al girarla, algo extraordinario tiene lugar entre el cuerpo de Hans y el de Óscar.

Liberar
el Arca

controles_locomotora.pngTras la fusión, Kate se ha quedado con la llave del corazón de Óscar. Ahora que Hans parece estar recuperado, el viaje debe seguir. Para ello, Kate se dirige a la locomotora y echa un vistazo a los controles. En la parte central, entre los dos indicadores, introduce la llave en el hueco correspondiente.
A continuación, presiona la palanca situada arriba a la izquierda. Esto hace descender un tubo que se sumerge en el agua helada del lago de la aldea. Seguidamente, al presionar la palanca situada a la derecha de la gran rueda central, consigue llenar el depósito del tren de agua, como indica la aguja de la izquierda. A la derecha de los controles, la posición de una palanca determina si la tubería aparecerá por arriba o por abajo. Moviéndola hacia arriba y tirando de nuevo de la palanca superior de la izquierda, Kate vuelve a hacer salir al tubo, pero esta vez sobre el depósito de carbón. A continuación, presiona el interruptor pequeño situado a la derecha del todo, junto a la rueda
grande y central y consigue llenar el depósito de carbón, como indica la aguja de la derecha. Después, gira la pequeña rueda de la izquierda, encendiendo la caldera, como indica la aguja correspondiente. Luego, presiona el interruptor cercano, haciendo salir del frontal de la locomotora una espita. Finalmente, Kate gira la gran rueda de la izquierda, consiguiendo despedir una gran cantidad de vapor de agua que derrite el inmenso bloque de hielo en el que estaba atrapada un arca.

Cuando Kate se acerca al navío, ve a Hans montarse decididamente. En la pasarela del arca, el jefe youkol le pide a la abogada que antes de zarpar recoja al youki, de manera que ella se dirige al pequeño corral y, abriendo la puerta, hace salir al animalillo. De vuelta al arca, el jefe abre las grandes puertas hacia el mar abierto y, a través
de ellas, Kate y Hans continúan su viaje.

El Mar Ártico

El
Ancla encallada

Al poco tiempo de dejarse llevar por las corrientes, el barco se estrella contra un gran casquete polar cuyos únicos habitantes son pingüinos. Decidida a tratar de mover el barco, Kate desciende por la plataforma lateral del navío y se fija en la cadena del ancla. Siguiendo su rastro, llega hasta el ancla, encallada en la placa de hielo. Sin embargo no es capaz de moverla. Por suerte, junto a un gran esqueleto de ballena encuentra un arpón que le servirá para picar el hielo alrededor del ancla y desengancharla. Ahora que nada la detiene, se dirige de vuelta al arca, pero el malvado Iván hace su aparición de nuevo e iza el elevador impidiendo
que Kate pueda montar a bordo.

Huevos
de pingüino

kate_placa_hielo.pngEn busca de una entrada alternativa, Kate se dirige al la parte más alejada de la placa de hielo, hacia la izquierda del todo, donde un grupo de pingüinos está reunido al borde del mar. Parecen descansar sobre un fragmento de hielo idóneo para ser usado como barca, de manera que para atraer su atención, Kate coloca la muñeca rusa en el nido situado a la izquierda. Los pingüinos abandonarán su tertulia junto al mar y Kate podrá montar en la placa medio suelta y soltarla del todo con su arpón.

Una vez que Kate consigue colarse en el interior del arca por la puerta lateral de la bodega, observa cómo Iván patrulla en la cubierta. Rápidamente, mueve el barril caído de la derecha y lo coloca a modo de plataforma. Seguidamente, Kate atraviesa la puerta que bloqueaba el barril y tras ella encuentra al youki y a Hans, al parecer sanos y salvos. El escondite que parece haber usado el cazador para mantenerse lejos del alcance de la gente youkol es el compartimiento del ancla, al que se llega por las escaleras junto a la litera. Allí, Kate encuentra un garfio de marfil que recoge. Con él, vuelve a la bodega y se sube sobre el barril para enganchar el garfio al saliente del mástil. A continuación, engancha el cabo que cuelga al garfio de marfil y tira de la palanca en el suelo. Así consigue izar el velamen, que golpea a Iván haciéndole caer sobre la placa de hielo, lo que significa su fin.

Syberia

La
última puerta

Tras una larga travesía, por fin Kate y Hans alcanzan la costa de Syberia. En cuanto atracan, Hans se baja del barco. Kate trata de seguirlo. Se dirige al camino de la izquierda y, tras bajar unas escaleras, va al fondo, hasta un pasillo natural formado por unas paredes escarpadas. Al final del camino, una gran puerta impide el paso. Junto a ella Hans está a la espera de que Kate consiga abrirla. La abogada tira de una palanca situada junto a la puerta y consigue hacer descender una rueda similar a la que utilizó en el vehículo de Romansburg. Ahora entiende por qué los youkol le insistieron en que recogiera al youki. El animal se encuentra en el pequeño camarote del arca, pero está hibernando. Para despejarlo, Kate debe recoger unas espigas azules que crecen al comienzo del pasillo que lleva a la puerta de Syberia. También verá allí, entre las hierbas, una losa de piedra que recogerá. En cuanto le acerque la espiga azul al youki, el animal se despertará. Con él a su lado, lo lleva hasta donde está Hans y, una vez dentro de la rueda, consigue abrir la última puerta de la aventura.

La llamada
a los Mamuts

En cuanto la puerta se abre, Hans se levanta de su asiento y continúa su camino como si Kate no existiera. Algo molesta, la abogada, en lugar de seguirle, se dedica a explorar la parte de la isla a la que ya tenía acceso. Así, yendo por el camino de la derecha desde el barco, llega hasta unas escaleras que llevan hasta un puesto de vigilancia. Allí descansan los restos de un vigía que, al tocarlos, se desmoronan. Del cuello del hombre colgaba un medallón youkol que Kate recoge. Por otro lado, sobre un arcón cerca de un pequeño refugio hecho con cañas y ramas, Kate encuentra otras tres losas con extraños grabados. Más calmada de su enfado, decide reunirse con su amigo más allá de la puerta de Syberia.

Hans se encuentra en lo alto de un mirador, admirando el paisaje. Según él, para que los mamuts aparezcan, sólo tienes que llamarlos. Kate, dispuesta a ayudar a su amigo, se dirige a la izquierda del mirador y encuentra un extraño aparato que parece emitir sonidos. Sin embargo no es capaz de hacerlo funcionar. Por el otro lado del mirador, en el suelo, descansa otro artilugio. Al acercarse, Kate comprueba que se trata de una rueda similar al medallón youkol, con la diferencia de que le faltan cinco losas (las cuatro que lleva encima y una quinta que está en la parte superior izquierda de la rueda). En lugar de basarse en el medallón como referencia, la abogada se da cuenta de que cada losa encaja perfectamente con su hueco correspondiente, por la forma en que están fragmentadas. Una vez que coloca cada pieza en su lugar, gira la manivela del extraño aparato situado sobre la rueda de piedra y, tras un montón de arena sobre el centro de rueda, aparece una llave youkol.

Con la llave, Kate vuelve al artilugio para hacer llamadas. En el panel lateral, en la parte inferior, inserta la llave y consigue abrir un segundo panel repleto de los extraños símbolos del medallón. Seguidamente, quita la llave del orificio en el que estaba y la inserta en el segundo agujero de la última fila. A continuación, gira la rueda situada a la derecha para orientar el tremendo altavoz y después se centra en la serie de tubos de la izquierda. Se trata de colocar seis orificios en una determinada posición. Para hacer sonar la melodía compuesta, Kate sólo tiene que tirar de alguna de las palancas horizontales situadas a la derecha de los tubos. Tras tratar de hacer memoria, Kate recuerda haber visto un par de murales con la descripción de algún evento social y un código asociado en la bodega del arca. Uno de esos eventos era la llamada de los mamuts. El código está expresado en asteriscos, puntos y vacíos. Tras hacer varias pruebas, Kate deduce que el asterisco significa dejar el orificio abierto, el punto, orificio a medio cerrar y el vacío, orificio cerrado. De esta manera, la combinación que tiene que introducir para la melodía de los
mamuts es (de izquierda a derecha y de arriba abajo): Abierto, Semicerrado, Abierto, Semicerrado, Cerrado, Abierto.
De esta manera, Kate consigue que Hans alcance su sueño.

Fin